Queridos Fantasios,
Con el tiempo que hace que no escribo aquí quizás os hayáis olvidado de quién soy, de cómo funciona esto, etcétera. No sé si podré remediarlo, pero mientras ideo algo para conquistaros de nuevo intentaré contar alguna que otra historia divertida. Será mejor que vayamos por epígrafes asi que comencemos por el principio, como siempre. Érase una vez…
[Marzo-Abril]
¡Cómo pasa el tiempo! Hace unos días estaba en Italia, pasándomelo de vicio, y de pronto al regresar ya tengo como poco cuatro asuntos urgentes a los que atender. Uno de los más importantes, cómo no, es la compañía de teatro de la facultad, TRiSMuS, con la que estrenamos obra a mediados-finales de Abril. Que conste en acta que, aunque lo cuento como algo de lo que preocuparse, sarna con gusto no pica. Así, domingo tras domingo, más ensayos extra, más preocupaciones con Luís (él si que estaba preocupado, ¡Dios mío!) en la cafetería del aulario y de todo el elenco en los lugares más inesperados, fuimos ideando los detalles de una obra que no era nada fácil. Decir que los ensayos eran divertidos es quedarse cortos, sobre todo cuando al señor director se le ocurrió introducir números musicales en los momentos más inesperados, más la escena de baile al final de la obra. Aquello, que empezó siendo un caos absoluto, acabó por resultar en un rotundo éxito.
No puedo dejar de comentar algunos momentos memorables, como por ejemplo cuando entre el Gran Friki y yo cogimos un banco de la facultad y lo trasladamos a través de toda la ciudad vieja, en brazos, hasta el aula cultural de Caixa Galicia (donde representamos este año). Lo más curioso, aparte de que en los semáforos y en la plaza del Obradoiro lo dejamos en el suelo y nos sentamos a descansar en él y de que varios policías se nos quedaron mirando como pensando si aquello que hacíamos era un delito o no, fue que un turista nos vio trasladarlo por delante de la catedral y nos empezó a sacar fotos. Cuando nos dimos cuenta y miramos hacia él nos dijo "¡seguid hablando, seguid hablando!" supongo que para que las fotos saliesen más naturales… pero nos entró la risa, así que además de salir naturales (o no), salimos riendo. Tengo curiosidad por saber cómo quedaron, pero al ser un completo desconocido resultará de todo punto imposible encontrarlas…
Y este año mis amigos se han vuelto a superar a sí mismos en lo que a cumpleaños se refiere. ¡Un juego de pistas por toda la facultad! Increíble, realmente increíble. Las pistas estaban repartidas por todas partes, incluyendo exteriores, recovecos y guardianes. Una vez más (y no por ello con menos emoción) debo darles las gracias a todos por alegrarme la vida, segundo a segundo. No sé qué haría sin ellos. Y no lo digo por decir.
[Mayo]
Hacía ya tiempo que no teníamos noticias de los de la organización del Imperial Stormtroopers pero, un buen día de principios de mes, la realidad, en forma de e-mail, nos golpeó rotunda e imparable. ¡No quedaba tiempo! Aquellos que habían empezado a construir sus armaduras podrían terminarlas, pero aquellos que, como nosotros, no habíamos tenido la oportunidad de comezar todavía estábamos excluídos, los talleres no daban abasto para cumplir con la demanda de armaduras necesarias… ¿qué podíamos hacer ahora? ¡Estábamos fuera!
Tras hablar con uno de los organizadores y enterarnos de que seríamos bienvenidos al desfile cosplayados de cualquiera de los personajes del universo expandido, nos (me) asaltó la gran duda. ¿Seríamos capaces de hacerlo? ¿En tan poco tiempo? ¿Con los exámenes tan cerca? ¿No sería demasiado caro, demasiado difícil…? Pero mi Media-yo es sabia y supo convencerme de lo contrario… y nos pusimos manos a la obra ipso facto. A las pocas horas teníamos ya los patrones hechos, cortados y preparados para el primer experimento; al día siguiente compramos varios metros de tela para confeccionar las capas (gruesas, calurosas, pesadas), agujas, imperdibles e hilo, y comenzamos a cortar e hilvanar las piezas esa misma tarde en el Pasillo de Conspirar (al que me gusta llamar, de forma cariñosa, the room of requirements). Ante la mirada atónita de los de fisio (lo digo porque son mayoría, pero la mirada atónita era de todo el que pasase por allí) y con la ayuda inestimable de las señoras de la limpieza (que nos descubrireron el fabuloso arte de la confección de capuchas) nos las fuimos arreglando bastante bien mientras cantábamos, entre puntada y puntada, el homenaje a John Williams. En los días sucesivos compramos la tela necesaria para el resto de la ropa (casacas, camisas, cinturones, estolas…) y nos pusimos a trabajar en ello, con las capas ya casi listas. Con la imprescindible y nunca suficientemente agradecida ayuda de nuestras señoras madres y sus máquinas de coser fuimos dando el toque final a las capas mientras comenzábamos con el resto del traje… y salvo las botas (que compramos dos días antes) y los adornos de los cinturones, lo teníamos todo preparado en un tiempo más que récord, sobre todo teniendo en cuenta nuestra inexperiencia y la calidad de los trajes que, os lo aseguro, son de lo mejor.
Y llegó el día más esperado, el momento de ponérnoslos, a eso de las cuatro de la tarde, en nuestros cuarteles generales. Nos sentíamos poderosos… oh, sí. Cuatro caballeros jedi en comunión con la Fuerza. Ya dentro de la facultad, unos cuantos médicos que había allí para un congreso se quisieron sacar unas fotos con nosotros, y en lo que duró el descenso a la calle y el viaje hasta la plaza de Abastos fueron muchos los que tuvieron la misma idea. No os podéis imaginar, ni de lejos, ni un poquito, lo que es; lo que fue aquel día. Al llegar a Abastos vimos que ya casi todo el mundo estaba preparado, la función estaba a punto de comenzar. Ya entonces nos fuimos mezclando con el resto de frikis que por allí pululaban, entablando conversación y preparándonos para salir… y el mismo momento de salir fue… glorioso.
Glorioso, sí. ¡Miles de personas nos esperaban! A medida que avanzábamos por las callejuelas de Santiago veíamos como la gente se agolpaba en las escaleras, en las esquinas, en las bocacalles… todos sacaban fotos, todos sonreían, muchos llevaban insignias o camisetas alusivas a Star Wars. Nosotros, como buenos jedis, les decíamos cosas como "que la Fuerza te acompañe" o "nosotros no estamos pasando por aquí (mientras utilizábamos un jedi mental trick)" o "¡Viva la República Galáctica!". Aunque escoltados por un buen montón de siths (que teóricamente nos habían capturado) y unos moradores de las arenas, precedidos por los jawas y seguidos muy de cerca por Darth Vader y las tropas imperiales, nosotros no perdimos la compostura. La Fuerza nos acompañaba, a fin de cuentas.
El teórico Grand Final del desfile sería en la praza do Obradoiro, donde las tropas imperiales formarían y Darth Vader les pasaría revista y leería un discurso. Fue una pena que el Concello no tuviese la menor deferencia para con nosotros y, por tanto, la megafonía y la colocación a pesar de los esfuerzos de los organizadores en el obradoiro brillasen por su práctica inexistencia… esperemos que aprendan para dentro de tres años. Digo que ese era el colofón final teórico, pero en la práctica tras romper filas todo el mundo se puso a pulular por entre nosotros, a pedirnos fotos, a sacarse fotos, a preguntarnos cosas… ¡nos sacamos fotos con varios profesores nuestros y con sus hijos! Y sí… también nosotros nos sacamos fotos con Darth Vader. Fue un momento increíble, uno de los mejores de mi (por ahora corta) existencia. Pero no… tampoco fue ese el final. Luego mientras nos íbamos hacia la facultad nos encontramos con otro de nuestros profesores, al que le pedimos si nos podíamos hacer una foto con él y quien, tras reconocernos, accedió gustoso y sonriente. Caballero, tú si que sabes.
Y ni aún así. Tras descansar en la facultad y seguir sacándonos fotos con los de la cafetería, mezclados en amor y compañía con algunos de la tropa imperial (amigos de siempre, o no), nos fuimos a cenar. Primero a tomar una especie de pinchos con los demás del desfile ¡mientras nos veíamos en las noticias de tele 5! Y luego con los amigos más íntimos a un bar de la zona vieja, todavía vestidos de jedis. Es curioso cuando un camarero te dice "que la Fuerza te acompañe" mientras te sirve un bocadillo de calamares, hace que te sienas… no sé. Relizado. Luego nos propusimos ir a dar una vuelta por la zona vieja por la noche, ya se sabe, un poquito de fiesta nunca viene mal… ¡todavía con los trajes puestos! Es curiosa la forma en que la gente te mira cuando vas así por la calle, pero a medida que la noche avanza y la gente se emborracha el asunto va ganando en riesgo: antes te miraban, ahora te abordan, te abrazan y te lanzan el haliento al estilo de un ataque pokémon.
Una última anécdota sobre esto. A las cuatro de la mañana, cruzando por Rosalía de Castro hacia la zona vieja, quedábamos tres jedis en medio de una ciudad desierta. Un coche viene de frente por la calle y, sin frenar, alguien abre la ventana y grita mientras pasa: "¡¡¡Frikis!!!" Y nosotros, girándonos, contestamos mientras se alejaban calle abajo: "¡¡¡Sí!!!"
Aquel fue un fin de semana interesante. El viernes desfile, el sábado ensayo en Ferrol por la mañana y en Santiago por la tarde, domingo ensayo de nuevo en Santiago, el lunes por la mañana práctico de anatomía (al que llegué un tanto tarde por las prácticas de interna, ¡que prácticas tan geniales! aunque esa es otra historia [clínica] que deberá ser contada en otra ocasión) y el lunes y el miércores por la tarde, ¡sorpresa! Los conciertos del Coro Universitario. El lunes en Lugo, un buen concierto aunque lleno de problemas por el lugar, la temperatura, los instrumentos… etc. El miércoes fue completamente distinto. Se notaba en el ambiente: la Catedral es un lugar muy especial para hacer música. Allí los instrumentos apenas necesitaron afinar dos veces (en Lugo perdí la cuenta), los músicos jugaban a adornar las frases una tras otra y era como si la primera violinista le dijese a la segunda: "Eh, mira esto, a ver si puedes seguirme" y a la segunda, forzada por la música y el reto de la primera no le quedase más remedio que improvisar y repetir el mismo juego sonoro que su compañera para que ocho compases más tarde el organista, guiñándoles un ojo y varias corcheas, hiciese lo mismo dándole una vuelta de tuerca más. Como si no tuviésemos que hacer ningún esfuerzo por cantar, como si la música fuese la que nos controlase a nosotros en lugar de nosotros a ella, exactamente así, como si durante aquella hora no estuviésemos en el mundo. Aquello fue realmente especial. Me sentí bien, muy bien, tremebundamente bien y además este año, gracias a cierto pequeño duende, los miembros del coro estamos más unidos que nunca. Como una pandilla de juerguistas, incluso tenemos un sitio predilecto para quedar: en el sitio de esperar a la Nave Nodriza.
[Junio]
Exámenes, exámenes, exámenes. No recuerdo un junio sin exámenes como no recuerdo tampoco un septiembre sin ellos, ni un agosto sin estudiar. Durante todo el mes no me lo pasé mal, incluso hubo mometos en que me gustó lo que estaba estudiando, pero no os engañéis, ¡no! Era una trampa, al final aquello que gusta nunca cae en el examen: lo que preguntan es siempre la letra pequeña del contrato, aquella que a nadie (al menos no a mí) se le ocurre estudiar porque hay cosas mucho más útiles, mucho más interesantes y mucho más importantes. Pero la vida es así y los profesores lo saben, ¿qué sería de un septiembre sin exámenes, de un curso sin repetidores? Perdería la gracia, supongo. Un año más me quedo sin disfrutar a pleno pulmón las vacaciones que, digan lo que digan mis notas, me tengo merecido. Mucho trabajo y poca recompensa, pero el balance general del año tampoco está tan mal. En el fondo soy feliz. ¿Qué más puedo pedir? ¡Sin olvidarnos de la guinda del pastel! ¡El día del pollo à l’orange (que tampoco se libró de su buena ración de anécdotas, vaya día… pero esa es otra historia, que deberá ser contada en otra ocasión)! Para celebrar el fin de la tortura, la mudanza de mi chef favorito y el comienzo de un nuevo verano, se nos ocurrió hacer una cena entre todos, que cocinase el señor cocinero, pero tenía que ser algo especial. Pensamos en pato à l’orange, pero resultaba demasiado caro para nuestros bolsillos, así que lo dejamos en dos pollos à las sendas oranges, y santas pascuas. ¡Y qué rico estaba! ¡Qué delicia! Eso es un manjar de dioses y el resto… el resto, fast food.
[Julio]
Y al fin, vacac…
¡No! ¿Pensábais que me iba a librar tan facilmente? En absoluto, porque el mismo día en que acabaron los exámenes llegó el primero de nuestros guiris, de nuestros estudiantes de intercambio, por los que llevamos luchado (y tanto, Dios mío) durante todo el curso. En mayo me olvidé convenientemente de contaros alguno de los episodios más desafortunados y agobiantes del curso, pero una vez solucionada la papeleta más vale dejarlo y pasar página… y centrarse en el siguiente problema. Porque eso es lo que nos trajeron los intercambios, ¡problemas! Uno detrás de otro, sin dejar demasiado tiempo entre uno y otro para poder descansar. Cuando no era una cosa, era otra; cuando no era un tutor descontento, algún estudiante perdía el vuelo y se quedaba perdido por España adelante (Madrid, Barcelona…); cuando no fallaba el gas en alguno de los pisos, faltaban llaves en otro… o sobraban cosas peores que no mentaré aquí por respeto a las sensibilidades más susceptibles.
Por suerte, tras la semana fatídica pude escaparme por obra y gracia de la banda de gaitas a Avilés, dónde pasé uno de los mejores fines de semana que recuerdo este año. Tocar, bailar, cantar, tocar, tocar, tocar, dormir, dormir, leer, descansar… ¡el paraíso! Incluso el día que salimos por la noche, que no soy yo mucho de salir, nos lo pasamos bien. ¡Si señores! Increíble. Guardo muy buen recuerdo de Asturias esta vez, tan bueno como de la vez anterior, hace ocho años. Ocho largos años, que se dice pronto. Y al regresar de Avilés y tras pasar apenas unas horas en Ferrol y otras poquitas en Santiago, me fui un día de turisteo a Ourense, como ya le había prometido a cierta invisible que yo me sé y a un informático que pretende conquistar el mundo. Una bonita ciudad, la de las Burgas, e incluso mejor la compañía. Podría hablar más largo y tendido del lugar, de Foxo, del kebap y el cine con Chan, del puente del milenio, del puente viejo, del del tren, de la pasarela y de cuando me perdí por la ciudad un rato que tenía libre, pero esa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión, ¿no creéis? Además, al día siguiente me fui sin prisa pero sin pausa a A Coruña donde viví alguna que otra aventura más… y tapoco es cuestión de aburriros.
Baste con decir que fue una buena semana… hasta hoy. Hoy (ayer, para ser exactos) comencé a estudiar. De nuevo, para septiembre. Porca miseria, que diría yo mismo, pero la vida es así, y los profesores lo saben. Tú lo sabes, quien esto lees, yo lo sé, y eso es así aquí y en la China popular, que diría cierto profesor al que vuelvo a repasar por cuarta vez. ¿Quién me mandaría a mí meterme aquí?
Si lo sé, no vengo.
En fin, queridos Fantasios. Sed felices y disfrutad el verano en lo que vale. Jugad, reíd, id a algún concierto y leed buenos libros. Viajad si podéis… y no os olvidéis de mandarme alguna que otra postal. Siento el retraso y el testamento… pero ya sabéis. La vida es así.